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Es justo señalar por dónde van los tiros

Juan José

García Posada

¿Por dónde van los tiros? ¿Dónde ponen las garzas? ¿Por dónde va el agua al molino? Son tres cuestiones clave que bien pueden exponerse en estos días calamitosos, de escándalos y tragedias, si se quiere indagar por el papel que viene cumpliendo el periodismo, por la independencia o la dependencia que está exhibiendo y por su eficacia o ineficacia en el desarrollo de acciones investigativas.

En líneas generales (porque también hay excepciones reconocibles por su valor y su sacrificio), la investigación periodística en este país es frágil, tímida y vacilante. No parte de una labor de planeación que ayude a definir líneas temáticas pertinentes, en sintonía con el interés público y con finalidades éticas. A pesar del giro copernicano marcado hace años en la metodología del periodismo informativo (las fuentes deben estar al servicio de los temas y no al contrario), sigue aplicándose un modo de proceder que muestra curiosa credulidad, miedo a dudar y repreguntar y escasa iniciativa para determinar qué es investigable.

Al satirizar sobre las famosas investigaciones exhaustivas suele olvidarse que también son precarias las que se emprenden y se malogran desde buena parte (o mala parte) de los medios. Por lo regular, se desdeñan asuntos investigables que no causan impacto, que no generan sensación, que no son conmocionantes y el natural sentido de oportunidad se confunde en muchos casos con el simple oportunismo, proscrito en los cánones de la investigación seria.

Son abundantes las reflexiones, los documentos y el acervo doctrinario sobre la razón de ser, los propósitos y los objetivos del periodismo en nuestro tiempo y en una nación que padece de emergencia en emergencia, al ritmo frenético y caprichoso de los sobresaltos climáticos, políticos, sociales, económicos y del orden público y la seguridad. Cuando no es un desastre natural es otro desastre, el político, el que motiva la respuesta no siempre deliberada del heterogéneo cuerpo informativo nacional.

Desde las tragedias del Palacio de Justicia y Armero venimos preguntándonos: ¿Podía efectuarse desde el periodismo una labor indagativa de anticipación que permitiera detectar, identificar y alertar sobre los tremendos hechos que sobrevendrían?

Todos los monstruos imaginables (guerrilla, paramilitarismo, narcotráfico, terrorismo, corrupción que es una subversión desde las entrañas del poder, etcétera) han nacido y se han potenciado y multiplicado, en las narices de un periodismo que sin ser cómplice parece afectado de grave daño olfativo y muchas veces incompetente para encender señales tempranas de alerta.

¿Por qué parece que buena parte (o mala parte) del periodismo anda a remolque, sólo despierta cuando ya es tarde y prende las alarmas cuando los hechos que podría denunciar primero ya son vox populi? ¿A quién y para qué sirve en este tiempo y en este país un periodismo carente de radares, que anda despistado, que deja la impresión de que se resiste a ejercer una función fiscalizadora sensata, severa y oportuna, independiente y libre de manipulaciones dirigidas por titereros y guardianes de intereses creados?

Deber capital del periodismo es investigar para revelar, para desocultar, para poner al descubierto, para depurar costumbres viciadas, para hacer que esplenda la verdad y erradicar la plaga de la mentira, para que las instituciones del Estado y la sociedad civil sean transparentes, para desenmascarar personalidades fraudulentas, para que la justicia se administre con pulcritud y celeridad y, en fin, para ayudar a reivindicar la honradez en un país agobiado por el cálculo malicioso y la mala fe.

¿Cuántas infiltraciones (como las que se han divulgado sobre el Das y las de tantas aguas subterráneas) se habrían señalado a tiempo, y cuántas desgracias causadas por el golpe letal de la naturaleza (como la de la vía a Buenaventura) se habrían evitado, si desde el periodismo (hay cercanas y honrosas excepciones, insisto) se hubiera asumido la responsabilidad de anticiparse y señalar a tiempo los riesgos?

No basta invocar el derecho a denunciar y fiscalizar. Es justo reclamar un periodismo preventivo, que alcance a indicar, en el buen sentido, por dónde van los tiros.

juanga@elcolombiano.com.co

Teclado en la red

Esta es una versión en internet de la columna que se publica los miércoles en El Colombiano, de Medellín, con el disintivo de Teclado. En este blog se incluyen comentarios diversos acerca de temas relativos a las ideas, las letras y las artes.

 

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